Nuevas tendencias en el ámbito del libro electrónico universitario

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La investigación científica se ha caracterizado desde sus comienzos por la necesidad de vincular los resultados de la misma con la necesidad de publicación y de edición. El binomio investigación-publicación ha generado a lo largo del tiempo todo un ecosistema en el que se han ido integrando diferentes productos documentales como informes, comunicaciones, ponencias, artículos, libros, etc., en formatos tanto impresos como electrónicos, que han ido dando fe de la actividad de investigación en un contexto geográfico y científico determinado.

Una de las últimas incorporaciones a este universo documental ha sido la del libro electrónico, propiciado por los avances producidos en los sistemas de edición digital y las tecnologías de la comunicación. Aunque los libros electrónicos no son completamente nuevos en el ámbito académico, la aparición de modelos de negocio y sistemas de publicación vinculados con innovaciones recientes han propiciado una reestructuración de los eslabones clásicos de la cadena de valor editorial (CordónArévaloGómez y Berrocal, 2013). Todos los estudios apuntan a una modificación de las prácticas de lectura y escritura, de la mano del avance de los dispositivos de lectura móvil y del incremento en la producción y consumo de libros electrónicos (Forrester, 2013; Rainie y Smith, 2013; Zickuhr, 2013; Wischenbart, 2013), lo que determina la necesaria adaptación de la oferta a unas necesidades que se ubican en el contenido web y en el desarrollo de aplicaciones, en la urgencia de generar contenidos de calidad adaptados a un ecosistema que se va desplazando desde un entorno estable y cerrado a otro dinámico y abierto.

Los hábitos de lectura y compra, los de consumo digital en general, hablan de una sociedad en estado de cambio permanente que exige soluciones innovadoras no sólo en la oferta sino también en las mediaciones para acceder a la misma (Cordón, 2013) en la que las oportunidades y posibilidades abiertas para el editor científico alumbran modelos de negocio cada vez más adaptados a una prácticas siempre renovadas (Romero-OteroGiménez-Toledo, 2012).

Además, la comunicación científica, gracias a las posibilidades de la Red y de la edición digital, se está diversificando por senderos alternativos, cada vez más frecuentados por el autor, cuando considera la formulación de sus hipótesis o la presentación de sus primeros resultados de investigación. Blog, microblog, redes sociales o comunidades virtuales constituyen espacios emergentes de intervención académica que escapan a los rígidos protocolos de las publicaciones científicas convencionales.

Las páginas de grupos de investigación en Facebook, su presencia en Twitter, las redes surgidas al albor de Mendeley, etc., están configurando un espacio de intercambio, colaboración y transmisión de información original cada vez más influyente. Cualquier autor se ha convertido en potencialmente hipervisible, constructor de su reputación virtual, curador de los contenidos que genera y regulador de tráfico hacia ellos o hacia los de los colegas.

Lo interesante del fenómeno es su progresiva integración en los sistemas de publicación más convencionales, para  lo cual han de suspenderse en cierto modo los sistemas de creencias y acreditaciones tradicionales, sustituidas por una suerte de pacto virtual. El editor académico se ha de mover no sólo entre los trabajos de verificación por pares, sino en el entorno de reconocimientos de patrones de publicación emergentes. Se comienzan a dar casos en los que exitosos libros académicos han surgido de influyentes autores de blogs científicos, recogiendo parte de sus intervenciones. Precisamente la idea de programas como Ibook author no es otra que de recoger en un solo sitio ese conjunto de intervenciones informales y formales que comienzan a articular el discurso científico.

La edición científica ha de dar respuesta a esta nueva realidad, un ecosistema en el que la interacción entre la monografía, las redes sociales, los debates en línea, las webinar, los Moocs, y otras formas de participación, constituyen un producto en retroalimentación continua (Priem, et al., 2012; 2013). La monografía científica no puede apartarse del flujo global de la comunicación académica sino que ha que ha de estar fuertemente imbricada en la misma. El libro electrónico constituye una oportunidad  única para favorecer este encuentro.

En este contexto son varias las tendencias que podemos identificar como puntos fuertes del libro académico digital.

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