Guadalajara 2013 II: El mayor valor de un libro no está en lo que es físicamente

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Libros. Montañas de libros. Estantes repletos de libros. Pequeños, grandes, delgados, de bolsillo, de pasta dura, de colección. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más grande en castellano, debe de albergar cientos de miles, quizá hasta millones de ellos. Pero es un hecho que desde hace por lo menos 10 años, el libro (y la industria impresa en general) se ha enfrentado a una seria crisis de identidad: ¿Hay futuro para el papel? ¿Estamos destinados a leer en tabletas? ¿Cómo serán las ferias del libro del futuro? ¿Existirán las ferias en sí?

La edición de este año de la Feria del Libro, que concluye este domingo, ha incluido por primera vez un pabellón dedicado al libro electrónico. Algunos de los expositores ofrecen títulos hasta un 70% por debajo de su valor en papel. Pero, contrario a la creencia, un libro electrónico no “debe” forzosamente ser más barato que su equivalente en papel. Al menos así opina Ian McCullough, experto en consumo de medios electrónicos. “El coste es irrelevante. El mayor valor de un libro no está en lo que es físicamente, sino en el contenido: el trabajo de editores, escritores, promotores, etcétera”.

Además, la capacidad de la plataforma convierte al libro en un objeto con muchas mayores posibilidades. Robot Media es una editorial con sede en Barcelona que produce libros electrónicos infantiles. Su director, Hermes Piqué, opina que el ebook está en fase experimentación, en especial en su campo. “Todavia seguimos pasando página en muchos dispositivos, cuando el concepto de página no hace más que restringir el lienzo infinito que ofrece el digital. Además, hablar del libro digital es también restrictivo. La palabra describe al continente y no al contenido. Nuestros “libros” tienen animación, ¿son películas?; narración, ¿es audio?; interactividad, ¿son juegos?, y por supuesto: texto. Es muy divertido cuando los abogados intentan describir el libro digital en un contrato editorial”.

El lector cambia, pero no dejará de existir. Brian Wong, el joven fundador de la plataforma Kiip -que utiliza un sistema de recompensas a través de juegos electrónicos para usos comerciales-, opina que el libro y la industria del papel en general seguirán existiendo pese a los cambios. “La necesidad de informarse no desaparecerá de la noche a la mañana. Los contenidos se especializan, eso sí. La gente es mucho más específica para el consumo editorial. Pero el interés no se va a extinguir”. 

“Es muy divertido cuando los abogados intentan describir el libro digital en un contrato editorial”

Y es precisamente eso, los hábitos, lo que está en constante evolución y marcará la pauta para los años a seguir. Esta semana, en el pabellón infantil de la FIL de Guadalajara, abundaban los niños que hojeaban libros al mismo tiempo que tomaban con seguridad las tablets que se hallaban por ahí. “Tenemos apenas nociones del vocabulario del lenguaje digital y queda mucho camino hasta que podamos establecer su gramática. ¿Cuáles serán los contenidos que prefieran los bebés que crecieron con una tableta? En unos años ya lo sabremos”, recuerda Piqué.

El libro, o lo que entendemos por el libro, no está en peligro de muerte. Lo que cambiará, asegura Matt Cable, de la compañía de software Rosa Labs, es el camino de difusión y consumo. Cabe descarta, por el momento, un sistema similar al de los sitios que comparten en línea música o películas (como Spotify o Netflix) para la industria editorial. “El material audiovisual se puede consumir en minutos. Los libros llevan mucho más tiempo y no es probable que se adapten fácilmente a una plataforma basada en un modelo tan abierto”. Piqué coincide: “La distribución está lejos de ser conveniente. En los dispositivos de Apple, por ejemplo, el App Store se utiliza tanto para distribuir contenidos como para bajarse una app para pedir taxis. Muchos usuarios nunca han abierto iBooks o Newsstand (las apps diseñadas para libros y revistas) y sin embargo consumen aplicaciones vorazmente”.

Pese a que el modelo de negocio es un auténtico quebradero de cabeza para la industria editorial, la buena noticia (por lo menos) es que ahora es consciente del cambio. “Aunque eso no implica que les sea fácil cambiar. El valor que tradicionalmente aportan las editoriales ha disminuido, y esto requiere redefinir su papel en la cadena de valor”, opina Piqué. “Las editoriales históricamente han destacado en cuatro funciones: descubrir talento, prepararlo para su publicación, distribuirlo y más recientemente vender sus derechos”.

Un libro electrónico puede ser difundido en cuestión de minutos a una audiencia global

Y las redes sociales han volado por los aires ese status quo, recuerda Wong. “Para las empresas tradicionales es muy difícil acostumbrarse al cambio porque implica una revisión de su propia identidad”, comenta. Un usuario en Twitter con un gran número de seguidores gana el “prestigio” para estar en una librería. Esta semana, por ejemplo, también en la FIL, la escritora Merlina Acevedo presentó Relojes de arena, peones de Troya, un libro que compila buena parte de sus tuits: complicados palíndromos y aforismos que le han ganado admiradores dentro y fuera de la industria editorial. “Es cada vez más común que los autores lleguen a las editoriales con su propia audiencia”. El caso de Acevedo es, nunca mejor dicho, de libro. Y de la distribución, ni hablar. Un libro puede ser difundido en cuestión de minutos a una audiencia global a través de Amazon o Play de Google.

Pero no todo son pérdida de funciones para las editoriales: un escritor no necesariamente tiene un espíritu comercial, afirma Piqué. “Y es aquí donde creo que las editoriales tienen mucho valor qué aportar. Cada vez hay una mayor oferta de contenidos y no solo se necesita calidad para destacar. Las editoriales tendrán cada vez más participación en el marketing on line y la gestión de fans”.

La feria del libro del futuro, entonces, no solo permanecerá sino que será una convivencia mucho más cercana entre escritor y lector. Piqué recuerda el ejemplo del autor de Juego de Tronos, George R. R. Martin, que adelanta capítulos de sus próximas novelas en su página web. “Quizá en 50 años las ferias del libro [como las conocemos] no serán necesarias: serán ferias de lectores”.

Fuente: Elpaís.com

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