Diccionario del diablo de la edición

diccinario_01 copia

Adelanto: Suma pagada al agente del autor después de firmar el contrato. Luego el editor expide una orden de pago, la cual se extravía durante un período de entre tres semanas y tres meses. Se solicita otra vez el pago al editor jefe, pero la orden se extravía de nuevo o queda completamente olvidada hasta la cuarta solicitud del agente. El autor puede o no ver el 30% de lo acordado sobre el avance, de todas maneras debe pagarle el 15% a su agente. El dinero le puede llegar al autor al año de publicación del libro o cuando esté pasando hambre y a punto de morirse debajo de un puente: lo que suceda primero.

Agente: Persona a la que el autor le paga el 15% de sus ingresos como escritor. En contraprestación, el agente vive en Nueva York, hace muchas llamadas telefónicas, cena con editores, va a congresos de la industria y mantiene al autor lejos del editor.
Arte de cubierta: Diseño de la carátula de un libro, generalmente hecho por el departamento de arte de la editorial, equipo compuesto por miopes sicóticos que nunca leen el libro y como rutina olvidan tomar sus medicamentos.
Autopublicado: Producido por el autor, ignorado por la industria.
Carta de presentación: Carta de diez páginas a espacio sencillo que un autor le envía a un editor, en la cual hace un recuento de su trágica vida; describe lo mucho que ha sufrido por su oficio; enlista cada premio, reconocimiento y nominación que ha conseguido; menciona el nombre de cada autor famoso que ha soñado conocer, e incluye un tortuoso y vago párrafo que quiere ser una descripción del último protagonista de su obra –su ex esposa o un crítico–, de quienes el escritor dice que son una propuesta o un buen arranque.
Copia preliminar: Edición previa del libro que no se vende. Por lo regular sirve para generarle ingresos a los reseñistas que la ofrecen en MercadoLibre.com.
Corrector de estilo: 1) Oculto y prestante escritor que aparentemente corrige gramática y ortografía en los manuscritos, cuando en realidad les está enseñando a escribir libros a los idiotas autores; 2) un tipo que masca chicle, usa tatuajes falsos, tiene un nombre medio raro y está obsesionado con el uso de las elipsis.

CALIDAD Y PRECIO EN LOS LIBROS ELECTRÓNICOS (I)

 

A raíz del pasado Congreso de Libro Electrónico celebrado en Barbastro y de las provechosas charlas que se mantuvieron con algunos de los participantes, uno lleva dándole vueltas al tema de la calidad en los libros electrónicos. Y la pregunta claves es: ¿cómo definimos esa calidad en lo que a ebooks se refiere?

El libro impreso y el tacto del papel

Sólo un profesional puede entender el proceso por el que se ha llegado a un resultado y puede discernir si el trabajo que hay detrás es bueno o no. Una novela, por ejemplo, puede componerse en un procesador de textos cualquiera, corregirse e incluso enviarse a imprenta; obviamente, el resultado no es el mismo que si la maquetación se lleva a cabo con un software específico, puesto que el diseño final, los elementos gráficos y el equilibrio tipográfico no se pueden controlar con eficacia con un software que no está diseñado específicamente para la publicación.

A la hora de juzgar el resultado del proceso de producción de un libro impreso tenemos la ventaja de la tangibilidad: el ejemplar en papel se puede examinar y cualquiera puede comprobar si está bien hecho o no. Por supuesto, un tipógrafo o un diseñador gráfico no lo juzgarán de la misma forma que un neófito, pero en general cualquier persona tendrá la capacidad de aquilatar el objeto.

Hasta ahora, esa valoración era un elemento importante a la hora de comprar un libro: un componente que servía para separar libros mal hechos de otros mejor editados.

El libro electrónico y el «todo vale»

Con la llegada de lo digital y la irrupción de los ebooks en el mercado de forma más o menos asidua (que no mayoritaria) asistimos a un derrumbe de las exigencias de calidad. Ahora se clama por la importancia del contenido frente al continente: es decir, que lo que importa es el texto, no el soporte; una afirmación no exenta de verdad, pero que encierra una serie de consideraciones secundarias.

Cuando hablamos de contenido frente a soporte parecemos aplicar al texto una importancia capital, cuando en el resto de productos que consumimos no es así. Buscamos tomates rojos y frescos; compramos smartphones de gama alta con bellas líneas; amueblamos la casa con hermosas estanterías de diseño… La ilusión de esa oposición contenido vs. soporte sirve, creo yo, para justificar el que el coste tenga que abaratarse. Tanto es así que se afirma con rotundidad que el coste de producción de un libro electrónico tiende a cero, ya que el trabajo previo está hecho y rentabilizado.

La falacia del coste de los libros electrónicos

El problema estriba en que no todos los libros son iguales, aunque sí que merecen producirse en igualdad de condiciones. Con esto quiero decir que, como bien apuntaba Jorge Portland en la excelente entrada de su blog, «Enséñame la pasta»:

[…] a día de hoy, la mayoría de los libros electrónicos que se venden no son rentables económicamente. ¿Hay libros que recuperan la inversión de producción? Sí, los hay, pero son la minoría. El resto tienen que sobrevivir con 1 o 2 descargas al mes (o menos) a precios que no cubren ni el coste de mantenimiento a la venta de esos títulos.

Editar y producir un libro electrónico siempre tiene un coste. Por supuesto, no es lo mismo poner en el mercado una novela de 300 páginas que un libro de matemáticas de 400; mientras que la primera tendrá un coste de producción casi residual, la conversión del segundo puede requerir una inversión casi similar a la efectuada para su publicación en papel, puesto que tendremos que corregirlo de nuevo, convertirlo a código con suma atención, editarlo convenientemente, etc.

¿Calidad; qué calidad?

La calidad pasa a un segundo plano cuando entra en juego la valoración del libro y las apreciaciones sobre su coste. Esos lectores que se echan las manos a la cabeza por el abusivo precio de un libro electrónico (y que posiblemente jamás pisaron una biblioteca) no reparan en que la producción de un libro conlleva un proceso en el que intervienen varios profesionales.

El hecho de que una novela de un autor que se autopublica (por ejemplo, con Amazon) puede tener un coste realmente bajo porque no ha pasado por ningún filtro: lo más probable es que no haya sido corregida de forma profesional, y por supuesto ningún editor ha puesto una mano sobre ella; de manera que el coste que el autor considere oportuno sólo repercutirá en su bolsillo (y en el de Amazon, claro, que no está en este negocio por un súbito amor a la cultura…). Dado que muchos de estos autores están más interesados en darse a conocer que en hacerse millonarios muy rápido (más adelante, ya se verá), es lógico que abaraten sus libros para que la difusión sea la máxima posible.

Frente a esta situación tenemos la de un libro de un editor tradicional. En este caso habrá algunos procesos ya realizados (supongamos que la corrección, por ejemplo, no es ya necesaria), pero otros son ineludibles: conversión a formato digital, edición y revisión final, distribución y promoción. Incluso dando por bueno aquello de que convertir un libro a formato electrónico es coser y cantar (trataremos el asunto en otra entrada), o que la distribución para los formatos digitales es virtualmente gratuita (falso), tenemos dos gastos que abultan nuestra factura: la revisión y la promoción. Y ni siquiera entramos en considerar los gastos generados por la traducción de un libro en lengua extranjera.

Fuente: Cuadratin.es

Nuevas tendencias en el ámbito del libro electrónico universitario

kno-2

 

La investigación científica se ha caracterizado desde sus comienzos por la necesidad de vincular los resultados de la misma con la necesidad de publicación y de edición. El binomio investigación-publicación ha generado a lo largo del tiempo todo un ecosistema en el que se han ido integrando diferentes productos documentales como informes, comunicaciones, ponencias, artículos, libros, etc., en formatos tanto impresos como electrónicos, que han ido dando fe de la actividad de investigación en un contexto geográfico y científico determinado.

Una de las últimas incorporaciones a este universo documental ha sido la del libro electrónico, propiciado por los avances producidos en los sistemas de edición digital y las tecnologías de la comunicación. Aunque los libros electrónicos no son completamente nuevos en el ámbito académico, la aparición de modelos de negocio y sistemas de publicación vinculados con innovaciones recientes han propiciado una reestructuración de los eslabones clásicos de la cadena de valor editorial (CordónArévaloGómez y Berrocal, 2013). Todos los estudios apuntan a una modificación de las prácticas de lectura y escritura, de la mano del avance de los dispositivos de lectura móvil y del incremento en la producción y consumo de libros electrónicos (Forrester, 2013; Rainie y Smith, 2013; Zickuhr, 2013; Wischenbart, 2013), lo que determina la necesaria adaptación de la oferta a unas necesidades que se ubican en el contenido web y en el desarrollo de aplicaciones, en la urgencia de generar contenidos de calidad adaptados a un ecosistema que se va desplazando desde un entorno estable y cerrado a otro dinámico y abierto.

Los hábitos de lectura y compra, los de consumo digital en general, hablan de una sociedad en estado de cambio permanente que exige soluciones innovadoras no sólo en la oferta sino también en las mediaciones para acceder a la misma (Cordón, 2013) en la que las oportunidades y posibilidades abiertas para el editor científico alumbran modelos de negocio cada vez más adaptados a una prácticas siempre renovadas (Romero-OteroGiménez-Toledo, 2012).

Además, la comunicación científica, gracias a las posibilidades de la Red y de la edición digital, se está diversificando por senderos alternativos, cada vez más frecuentados por el autor, cuando considera la formulación de sus hipótesis o la presentación de sus primeros resultados de investigación. Blog, microblog, redes sociales o comunidades virtuales constituyen espacios emergentes de intervención académica que escapan a los rígidos protocolos de las publicaciones científicas convencionales.

Las páginas de grupos de investigación en Facebook, su presencia en Twitter, las redes surgidas al albor de Mendeley, etc., están configurando un espacio de intercambio, colaboración y transmisión de información original cada vez más influyente. Cualquier autor se ha convertido en potencialmente hipervisible, constructor de su reputación virtual, curador de los contenidos que genera y regulador de tráfico hacia ellos o hacia los de los colegas.

Lo interesante del fenómeno es su progresiva integración en los sistemas de publicación más convencionales, para  lo cual han de suspenderse en cierto modo los sistemas de creencias y acreditaciones tradicionales, sustituidas por una suerte de pacto virtual. El editor académico se ha de mover no sólo entre los trabajos de verificación por pares, sino en el entorno de reconocimientos de patrones de publicación emergentes. Se comienzan a dar casos en los que exitosos libros académicos han surgido de influyentes autores de blogs científicos, recogiendo parte de sus intervenciones. Precisamente la idea de programas como Ibook author no es otra que de recoger en un solo sitio ese conjunto de intervenciones informales y formales que comienzan a articular el discurso científico.

La edición científica ha de dar respuesta a esta nueva realidad, un ecosistema en el que la interacción entre la monografía, las redes sociales, los debates en línea, las webinar, los Moocs, y otras formas de participación, constituyen un producto en retroalimentación continua (Priem, et al., 2012; 2013). La monografía científica no puede apartarse del flujo global de la comunicación académica sino que ha que ha de estar fuertemente imbricada en la misma. El libro electrónico constituye una oportunidad  única para favorecer este encuentro.

En este contexto son varias las tendencias que podemos identificar como puntos fuertes del libro académico digital.

Leer articulo completo aquí: http://www.thinkepi.net/nuevas-tendencias-en-el-ambito-del-libro-electronico-universitario#sthash.LJrrOsBh.dpuf