Bibliotecarios y la transformación de la profesión

Y seguimos con el tema de las bibliotecas. Notas como estas te dibujan un panorama diferente y alentador. Hay mucho trabajo por hacer.

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“La biblioteca de hoy tiene que ver más con lo que hacemos por la gente que con lo que tenemos. Y en este marco el profesional de la biblioteca que construye relaciones y capacita a los usuarios en la formación y/o les orienta acerca de los recursos digitales que tienen a su disposición es quien hoy por hoy proporciona un mayor valor a la biblioteca.”

Hallie Rich.

Es lógico pensar que los profesionales de la información proporcionan un valor significativo en una economía basada en el conocimiento. Los avances tecnológicos están impulsando un paisaje global cada vez más interconectado, lo que contribuye a un cambio muy acelerado en casi todos los aspectos de la vida, desde lo político, económico, social a lo ambiental. Los sistemas de comunicación más rápidos y un mejor acceso en todos los países a la información contribuye a la vinculación, las economías y los negocios en formas mucho más complejas de lo que nunca antes se había concebido. Contrariamente esta interdependencia a escala global incrementa a su vez los riesgos de lo que se ha denominado “Brecha digital” que se refleja a su vez en el aumento de la desigualdad socioeconómica y la fragilidad social. En este contexto las bibliotecas representa una estrategia sumamente importante para la mitigación de esos riesgos, pero para ello las bibliotecas deben ser ágiles, creativas, centrarse en el usuario y sus necesidades, y sobre todo implicarse en el aprendizaje.

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Es lógico pensar que los profesionales de la información proporcionan un valor significativo en una economía basada en el conocimiento. Fundamentalmente los profesionales de las bibliotecas tenemos que ser vistos como asesores de confianza, pero la confianza crece sólo cuando construimos relaciones con nuestros usuarios.  Y esta confianza se genera con el aprendizaje, transmitiendo los valores esenciales de nuestra profesión

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Aunque en este contexto la biblioteca ha perdido la exclusiva de ser casi la única proveedor de contenido. Atrás han quedado los días en que las bibliotecas acaparaban el mercado de la información a través de la entrega de valor casi exclusivamente como proveedores de contenido. Hoy empresas privadas de gran potencialidad y visibilidad entran en competencia con algunos de los servicios que tradicionalmente ofertaba la biblioteca; de esta manera compañías globales como Amazon a través Amazon Unlimited ofertan a sus clientes un servicio de préstamo de libros digitales a cambio de una tarifa plana mensual que oscila entre los 7 y 9 dólares, servicio que entra en competencia directa con lo que durante siglos han hecho las bibliotecas.

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“El reposicionamiento del profesional de la biblioteca como un recurso educativo para una comunidad más interconectada describe con mayor precisión el trabajo del bibliotecario en la actualidad. Apelar a los intereses de aquellos que disfrutan de trabajar con la gente resolviendo problemas futuros y cotidianos, diseñando nuevos enfoques innovadores y desafiantes será crucial para el futuro de la profesión.”

Hallie Rich.

La biblioteca como proveedora de acceso a la tecnología también es insuficiente. Fundamentalmente los profesionales de las bibliotecas tenemos que ser vistos como asesores de confianza, pero la confianza crece sólo cuando construimos relaciones con nuestros usuarios.  Y esta confianza se genera con el aprendizaje, transmitiendo los valores esenciales de nuestra profesión que está bien pertrechada de lo que se llaman competencias transversales. Aspecto altamente necesario para disfrutar plenamente de las posibilidades de la sociedad de la información. Aunque pueda parecer algo puramente retórico, un estudio llevado a cabo por Horrigan, John B. en Estados Unidos titulado “Digital Readiness” pone en evidencia que casi un tercio de los estadounidenses carecen de las habilidades para usar la próxima generación de lo que se ha denominado “Internet de las cosas“. En momentos en que el contenido no está disponible solamente en un único canal o en un único formato, los profesionales de las bibliotecas deben convertirse en expertos en información multiformato, proporcionar acceso equitativo al material físico, proporcionando al mismo tiempo formación en el uso de los dispositivos conectados a Internet y del contenido disponible en línea, ayudando a los usuarios a desarrollar las habilidades necesarias para aprovechar las oportunidades educativas, económicas y sociales asociadas con la tecnología.

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“Creo que la biblioteca del presente se parece más a una cocina, mientras que en los tiempos pasados la biblioteca era más una tienda de comestibles”

Cassie Guthrie directora de la Greece Public Library

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La biblioteca de hoy se define más por lo que proporcionan los bibliotecarios a los usuarios que por lo que contiene. Los profesionales de las bibliotecas apoyan las necesidades de información únicas de los clientes de la biblioteca, facilitando experiencias de aprendizaje personalizado. La desigualdad económica sin duda juega un papel en la alfabetización digital, aspecto que contribuye a ampliar la brecha digital entre quienes tienen acceso a los medios y la formación y quienes no, una situación agravada por una economía global que requiere de la participación digital. Cada vez con más frecuencia las bibliotecas están sirviendo de convocantes, convirtiendo sus espacios en lugares donde los propios miembros de la comunidad pueden articular sus aspiraciones y luego innovar con el fin de convertirse en socios activos (Stakeholder) y en una fuerza impulsora en el desarrollo y el cambio en la comunidad. De este modo con las expectativas y la demanda de aprendizaje se incrementan las oportunidades profesionales para los usuarios de la biblioteca, y de esta manera la biblioteca y los bibliotecarios contribuyen activamente a su inserción social y laboral.

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Y en este marco el profesional de la biblioteca que construye relaciones y capacita a los usuarios en la formación y/o les orienta acerca de los recursos digitales que tienen a su disposición es quien hoy por hoy proporciona un valor a la biblioteca. En palabras de Cassie Guthrie directora de la Greece Public Library “Creo que la biblioteca del presente se parece más a una cocina, mientras que en los tiempos pasados la biblioteca era más una tienda de comestibles”. Ya algunas bibliotecas de todo tipo ofrecen ahora makerspaces con equipos, software y servicios para estimular la creación de contenidos.

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El reposicionamiento del profesional de la biblioteca como un recurso educativo para una comunidad más interconectada describe con mayor precisión el trabajo del profesional de la biblioteca de la actualidad. Por eso ahora ahora es el momento dentro de la profesión bibliotecaria para la redefinición de la imagen de los profesionales de la biblioteca. No se trata de sustituir moños y gafas por pelo teñido de rosa y tatuajes; se trata de demostrar que los profesionales de la biblioteca sirven a sus comunidades ayudando y formando a los los usuarios en todos aquellos aspectos que necesitan. Esta distinción es importante porque destaca el valor de los profesionales de la biblioteca siendo la mejor de las manera de asegurar nuestra viabilidad futura. Apelar a los intereses de aquellos que disfrutan de trabajar con la gente resolviendo problemas futuros y cotidianos, diseñando nuevos enfoques innovadores y desafiantes será crucial para el futuro de la profesión.

Fuente: universoabierto.com 

Basado en: Transforming the Library Profession Recruiting librarianship’s best and brightest By Hallie Rich and Sari Feldman |  June 9, 2015

Las bibliotecas buscan su futuro en la adaptación a la sociedad y a la tecnología

Encontré este artículo que me pareció muy interesante en estos momentos de cambios y transición, no solo para las editoriales, sino también para las bibliotecas, ellas también deben enfrentarse a las 3R: renovarse, redefinirse y renovarse. En este artículo podemos ver un punto de vista sobre cómo las bibliotecas se acercan a ese futuro, o este presente lleno de cambios y adaptaciones.

¡¡¡Espero lo disfruten!!!

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Sin duda que las bibliotecas tienen futuro, y lo tienen porque en su día a día están trabajando en él. Las bibliotecas son entidades que se han adaptado con el paso de los años a la tecnología del momento y a los cambios sociales, se puede decir que la adaptación al cambio y la búsqueda constante de la innovación son pruebas que tienen superadas.

Bien es cierto que aún queda mucho trabajo y que cada biblioteca es un mundo por la tipología de usuarios que pueda tener, por la colección o espacios que tenga, o por su tecnología. También es un mundo porque no todo el personal que trabaja en las bibliotecas es igual. Hay personal que está más predispuesto al cambio y salir de esa zona de confort de la que tanto se habla.

Las bibliotecas buscan su futuro en la adaptación a la sociedad y a la tecnología

A las bibliotecas les queda un futuro lleno de lucha, trabajo, tecnología y puesta en valor del bibliotecario. Las bibliotecas son más que libros y lectura, son agentes dinamizadores de acciones culturales e intelectuales. Las bibliotecas no tienen miedo a la tecnología ni a lo digital, ya llevan años con ellos y hacen buen uso del “renovarse o morir”. Hicieron muy bien en elegir el camino de la renovación y el reciclaje continuo plasmado en la perfecta combinación de las ventajas tradicionales y las nuevas tecnologías.

Ahora solamente falta que sean valoradas y apreciadas como se merecen, como una organización y un bien indispensable para la sociedad. La voluntad política y la participación ciudadana, así como la búsqueda de alianzas con otras organizaciones, es clave porque su futuro depende en gran medida de ellos… ¡Hay que llamarles la atención!

Sociedad, usuarios y bibliotecarios por el futuro de la biblioteca

El futuro de las bibliotecas pasa por el empoderamiento de los usuarios. Ellos van a ser quienes construyan ese futuro gracias a la colaboración mano a mano con las bibliotecas en el diseño de servicios y espacios.

Las bibliotecas tienen que saber adaptarse a la sociedad, pero mantener su esencia informativa, de conocimiento y ocio. Deben estar por encima de cualquier tecnología y centrar su foco de atención a sus usuarios, escuchar sus necesidades. No sería descabellado repensar los horarios de atención al público para llegar a más usuarios.

Las bibliotecas deben seguir trabajando por la igualdad social y de conocimiento, incluso plantearse la personalización de servicios según usuarios y sus necesidades. Usuarios a los que habría que formar ante la infoxicación para que supieran desenvolverse en esta vorágine digital… y, cómo no, prestar especial atención a los niños y jóvenes. Ellos son el futuro de la biblioteca.

En cuanto a los bibliotecarios mencionar que son más necesarios que nunca y nunca podrán ser sustituidos por tecnología alguna. Hay que formar a bibliotecarios para que ofrezcan un servicio excelente, que sepan ofrecer los servicios de manera atractiva para los usuarios, buscar su especialización, multidisciplinariedad y reciclaje continuo.

Los contenidos de las bibliotecas independientemente de su formato

La combinación entre lo antiguo y lo moderno, entre lo analógico y lo digital… Formatos que están obligados a convivir sin que unos sean mejores o peores cuando lo que importa es su contenido.

Son muchos usuarios los que dicen que el futuro de la biblioteca es digital, pero luego no pueden vivir sin el papel. De hecho la lectura profunda se realiza de mejor manera en papel que en la distracción de los bytes o tinta electrónica.

Bien es cierto que el fomento del libro digital es necesario, como es necesario que tengan las bibliotecas una mayor colección de títulos digitales. Por ahora el libro electrónico no hace sombra al libro en papel en las bibliotecas.

Adaptación tecnológica y rediseño de espacios en las bibliotecas

El uso de tecnología no significa que el trato humano de las bibliotecas tenga que desaparecer. De hecho la tecnología puede hacer que las bibliotecas se muestren más humanas y cercanas, por ejemplo con el uso de las redes sociales. Tampoco deben perder la ola de la movilidad y estar allí donde se encuentre el usuario, y qué mejor que hacerlo a través de aplicaciones móviles o facilitándole el uso del carné electrónico de la biblioteca.

Las bibliotecas tienen que tratar de sacar el máximo provecho de las tecnologías y los servicios online, ser expertas en su uso y enseñarlo. Sin perder de vista cuestiones básicas de los usuarios (y que demandan con frecuencia) como es el uso de enchufes para conectar sus dispositivos móviles y la contraseña wifi.

En cuanto a los espacios, las bibliotecas tienen que trabajar en ser espacios de encuentro, socialización, participación, intercambio cultural y diversidad. Deben ser el centro de la comunidad, de actividades sociales, de formación, creatividad, ocio… además no olvidarse de ser el lugar idóneo para el estudio, la concentración y la lectura.

Las bibliotecas como creadoras de contenidos y custodias de la memoria local

Las bibliotecas son grandes centros de consumición de información. Las bibliotecas tienen que tratar de dar esta información a sus usuarios de manera sencilla y directa según sus necesidades, es decir, deben trabajar las técnicas de la curación de contenidos (content curation) con la finalidad de crear unos contenidos de mayor calidad y relevancia para sus usuarios.

A su vez, las bibliotecas deben velar y salvaguardar el patrimonio local. Las bibliotecas tienen mucho que decir en cuanto a la recogida, almacenamiento, tratamiento y difusión de la información local.

¡¡¡Las bibliotecas son el pasado, presente y futuro!!!

Fuente: comunidadbaratz

11 Tendencias y oportunidades en la edición digital de libros

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“No basta con aceptar el cambio, hay que querer cambiar para adaptarse y no quedarse en el camino. La oportunidad existe para el que quiera y sepa aprovecharla.”

Nadie podría resumirlo mejor. Lamentablemente son más en la industria editorial, los que solo aceptan el cambio, que aquellos que piensan en redefinirse, renovarse, y reinventarse. Las tres R esenciales para avanzar en un mundo que se mueve a pasos muy rápidos.

Les copio el artículo completo de Arantxa Medallo de Actualidad Editorial, que viene de uno más largo que salió publicado en diciembre escrito por Thad Mcllroy, publicado por Digital Book World.  Seguiremos de cerca en el ánalisis que se haga de cada uno de los puntos, y analizarlos en nuestro espacio.

Artículo: 

Si el futuro de la industria del libro será o no digital está aún por ver.

Los malos resultados obtenidos en los últimos meses (que han sido también pésimos para el libro impreso), el descenso en la venta de ereaders, el “aplanamiento” de la curva de crecimiento internacional de las ventas en digital… Ninguno de estos datos, ni siquiera las estadísticas que dicen que los niños prefieren el papel, son razón suficiente para no seguir mirando hacia delante y negar que el cambio existe y que hay que afrontarlo.

No basta con aceptar el cambio, hay que querer cambiar para adaptarse y no quedarse en el camino. La oportunidad existe para el que quiera y sepa aprovecharla.

Aquí  describo once, que he traducido de un largo artículo escrito por Thad McIlroy y publicado por Digital Book World en diciembre de 2014. A lo largo de los próximos días iré desglosándolas una a una.

11 TENDENCIAS Y OPORTUNIDADES EN LA EDICIÓN DIGITAL DE LIBROS

1. Aún estamos a tiempo: El futuro está listo para innovadores, agentes del cambio y emprendedores del mundo del libro.

2. Los libros digitales continuarán abriendo nuevas y mayores audiencias a los editores.

3. Las secuelas del enfrentamiento entre Amazon y hachette ofrecen a los editores la oportunidad de reflexionar y reevaluar.

4. Los editores que adopten y maximicen el IT, la minería de datos y la analítica serán los que tengan mejores opciones de crecimiento.

5. Los editores en digital tienen que aprender una serie de nuevas habilidades para dominar los dispositivos móviles, la plataforma que más rápido crecimiento está teniendo a nivel mundial.

6. La autoedición seguirá creciendo impulsada por las nuevas posibilidades y tendencias tecnológicas.

7. El mercado de la edición de libros educativos está experimentando su propia transformación y viendo más oportunidades con las trecnologías de la educación (“EdTech”).

8. Los que navegan por las procelosas aguas de lo smercados internacionales tendrán éxito con la edición de libros digitales.

9. Los profesionales que aprovechen el marketing de contenidos y su papel en la industria editorial podrán crearse una imagen de marca a sí como audiencias.

10. Los autores y editores avezados construirán comunidades dinámicas alrededor de su contenido, propiciando la descubribilidad.

11. Los líderes que se asocien y colaboren con la industria serán los que tengan más éxito.

Fuente:  Actualidadeditorial.com

Fuerte apuesta de las Bibliotecas Vascas por el fomento de la lectura digital

 

En la era digital, las editoriales y las bibliotecas están condenadas a entenderse, en el buen sentido de la palabra, dado que ambas partes se necesitarán más que nunca. A medida que, desgraciadamente, muchas librerías de nuestras ciudades y pueblos van desapareciendo, las bibliotecas se están convirtiendo en uno de los escasos espacios culturales de muchos municipios donde los lectores pueden descubrir todo tipo de nuevas lecturas, autores, así como otros lectores con sus mismas afinidades. A pesar de las limitaciones presupuestarias de los últimos años, las bibliotecas han sabido mantener más o menos satisfechos a sus más de 16 millones de usuarios de toda España.

En el siglo XXI las bibliotecas no solo seguirán prestando sus actuales servicios con vocación pública, sino que además se convertirán en un lugar muy importante de descubrimiento, préstamo, subscripción y compra (sí, compra) de todo tipo de contenidos digitales (ebooks, música, cines, videojuegos, apps, etc.). En este contexto de transformación, las bibliotecas deberían asumir un mayor protagonismo en el proceso de redefinición de los modelos de relación con las editoriales para garantizar sus intereses y su papel en la sociedad digital. Este proceso no debe plantearse como una confrontación entre las partes sino como una negociación entre pares, ya que editores y bibliotecarios tendrán que aceptar que los modelos anteriores han quedado obsoletos.

Posibles modelos a tener en cuenta

Con el fin de aportar ideas a este proceso de redefinición de roles y modelos, describimos a continuación una serie de modelos que nos han parecido interesantes y que pueden servir de referencia a ambas partes.

En los Estados Unidos de América, las bibliotecas de los estados de Colorado, California o Massachusetts, entre otros, han decidido desarrollar de forma colectiva sus propias plataformas para alojar y distribuir sus contenidos. Entre las ventajas de contar con su propia plataforma está la ventaja competitiva de negociar directamente con las editoriales y los autores independientes, la opción de vender directamente contenidos al lector, la posibilidad de desarrollar buscadores más eficaces que integren contenidos de plataformas diferentes e incluso disponer en tiempo real de los metadatos que generan los usuarios en su plataforma. A través de estas iniciativas colectivas, las bibliotecas consiguen además evitar que grandes plataformas como Overdrive tomen posiciones dominantes y acaben imponiendo unos modelos de préstamo con condiciones económicas insostenibles.

Una de las tendencias más interesantes que está teniendo lugar en los Estados Unidos y en el Reino Unido es la decisión que han tomado muchas bibliotecas de enriquecer el catálogo de sus plataformas con libros autoeditados, así como con contenidos locales generados por los usuarios como la memoria de ciudades y pueblos. Por ejemplo, la red de bibliotecas del condado Douglas cuenta con más de 350.000 contenidos generados por los usuarios y estiman que en 2015 ascenderán a 600.000 títulos.

Otra de las tendencias que las bibliotecas deben tener en cuenta es la opción de incluir un botón para compra de ebooks o tarjeta de regalo cuando estos no estén disponibles para préstamo o se haya agotado el presupuesto para adquisición de nuevas licencias. De esta manera se presta un servicio a los usuarios que tengan cierta urgencia en leer ese libro y además puede convertirse en una vía de ingresos extraordinaria puesto que las bibliotecas pueden obtener hasta el 20% del PVP del ebook vendido en concepto de afiliación.

Las bibliotecas también deberían analizar la conveniencia o no de incorporar modelos de subscripción a sus plataformas de préstamo de contenidos digitales. Normalmente la biblioteca paga la cuota de subscripción, también existen modelos de copago como luego veremos, y el usuario solo necesita su carnet de biblioteca para poder acceder a los contenidos de la plataforma a través de cualquier dispositivo.

En Europa, la red de bibliotecas de Dinamarca, Suecia, Noruega y Holanda ha puesto en marcha diversos modelos de préstamo de ebooks con el fin de testar diferentes alternativas que equilibren los intereses de cada uno. Por un lado, varias bibliotecas han llegado a acuerdos con editoriales para asumir los costes de digitalización de obras que por cualquier motivo no estaban digitalizadas a cambio de obtener unas condiciones económicas más amigables durante los primeros años de préstamo. En Dinamarca han puesto en marcha un modelo que podemos denominar como “pago por click” que liquida al editor en función de acceso a cada título. En Holanda, las bibliotecas públicas han lanzado un modelo de “copago” con acceso a un número limitado de títulos por 20 euros al año. En Suecia, la plataforma Atingo permite a las bibliotecas negociar en tiempo real con las editoriales el precio de compra de la licencia en función de la oferta y demanda de los títulos que desean adquirir. Gracias a esta diversidad y flexibilidad de modelos de préstamo, en los países nórdicos cerca del 70% de los ingresos del mercado digital gira en torno a las bibliotecas.

Conclusiones

No existe un único modelo de éxito sino numerosas alternativas que deben ser analizadas para determinar su idoneidad. Las bibliotecas deberán definir su propio modelo y no dejar que otros en el mundo del libro decidan por ellas.

Las bibliotecas deben liderar la búsqueda de contenidos y ofrecer a sus usuarios todo tipo de libros, más allá de los tradicionalmente adquiridos de las editoriales. En este sentido, las bibliotecas deberían incorporar a sus catálogos apps educativas, una amplia selección de libros autoeditados, contenidos generados por los usuarios, obras libres de derechos de autor, videojuegos, cine, música, etc., así como ebooks del sector editorial.

Las bibliotecas deben apostar por desarrollar nuevas formas de descubrimiento de sus contenidos a través de sistemas de recomendación más eficaces, que tengan en cuenta variables más allá de las basadas en anteriores compras o préstamos realizados. Sistemas de recomendación de nuevas lecturas que indaguen en patrones de lectura entre lectores, en párrafos subrayados, en tiempos reales de lectura, en extractos compartidos, en conversaciones en redes sociales…

El desarrollo y mantenimiento de las plataformas de préstamo tiene un coste elevado no asumible de forma individual por las bibliotecas. Por ello es recomendable que se aborden de forma colectiva junto con otras bibliotecas de otros lugares o hasta otros países. Las bibliotecas deben identificar partners tecnológicos con modelos innovadores (código libre, licencias de marca blanca, “revenue-share”, etc.) para desarrollar plataformas sostenibles.

Ambas partes, editores y bibliotecarios, están condenadas a entenderse y por tanto tendrán que hacer concesiones hasta llegar a un punto equidistante y respetuoso con los intereses de cada uno.

El próximo miércoles 18 de junio hablaré sobre estos temas en una jornada que ha organizado el Servicio de Bibliotecas Públicas del Gobierno Vasco en Vitoria con motivo de la celebración de sus 10 años en la Red. Mi conferencia, que llevará por título “Tendencias en modelos de préstamo digital en bibliotecas: Cómo fomentar la demanda de préstamo de ebooks”, intentará aportar ideas a este proceso de redefinición de roles y modelos.

Fuente: dosdoce.com

Roger Chartier y la revolución de la lectura digital

Nadie que esté interesado en la mutación de las formas de comunicación y en los efectos que sus cambios generan debería perderse un libro como el de Walter OngOralidad y escritura: tecnologías de la palabra, un libro de los años 80 que conserva todo su interés y toda su capacidad de antelación y de previsión, porque Ong rastreó los profundos cambios de la psique y la cognición humanas derivados de la alteración de las tecnologías de la escritura. No se conformó con documentar, meramente, la transición de las prácticas y de los soportes, sino que se detuvo en analizar las profundas, extensas e indelebles consecuencias del paso de un vehículo de comunicación al otro. Por citar de memoria alguna de esas implicaciones definitivas, cabe recordar que Ong presumía que el uso de la escritura, que propiciaba un trato distanciado con el objeto de estudio, trajo consigo el desarrollo del pensamiento abstracto y el surgimiento progresivo de la ciencia; que contribuyó a la construcción de nuestra conciencia individual al favorecer la instrospección y el aislamiento; que procuró una liberación de recursos intelectuales esencial, porque nos permitió proyectar y conservar nuestro conocimiento, formalizándolo, en soportes ajenos a nuestra memoria. En fin: Ong venía a llamar la atención (como luego lo haría el gran Jack Goody) sobre las hondas, duraderas e imborrables implicaciones que tienen las revoluciones de las tecnologías escritas.

Roger Chartier pertenece a esa estirpe de historiadores y antropólogos que están mucho más preocupados por proponer soluciones a los intrincados problemas intelectuales que la transformación de las tecnologías de la escritura implican, que con los artificiales y postizos límites geográficos o disciplinares. Robert Darnton, Pierre Bourdieu, Walter Ong, Jack Goody,Elizabeth Eisenstein o Claude Levi-Strauss (Alejandro Piscitelli, Antonio Rodríguez de las Heras entre nosotros) podrían formar parte de ese círculo de sabios que rompieron con las convenciones disciplinares hace mucho tiempo y se dedicaron, en alguna medida, a estudiar los profundos efectos que la tranformación de las tecnologías de la escritura tuvieron y están teniendo sobre la organización de la sociedad y sobre la conciencia de los seres humanos.

En muchas de sus últimas entrevistas Chartier llama la atención, por eso, sobre las implicaciones todavía imprevisibles que la escritura y la lectura digitales tendrán sobre una y otra dimensión: “en el mundo digital existe una continuidad textual que borra la inmediata diferencia entre géneros visible en periódicos, revistas, cartas, libros. Como consecuencia, hay una yuxtaposición de fragmentos no necesariamente referidos a la totalidad textual a la cual pertenecían. A partir de ahí, el libro como creación, como identidad intelectual y estética, se desmorona. La antigua percepción de una entidad textual coherente y lógica, incluso cuando no se leen todas sus páginas, es reemplazada por una serie de datos, de fragmentos desvinculados. De ahí la idea de los tablets de indicarle al lector si está al comienzo, a la mitad o en las últimas páginas del texto. De dar una cierta percepción de totalidad textual, sabiendo que el lector busca o recibe fragmentos derramados”. La pérdida de ese referente, del artefacto del libro como obra coherente y acabada, tendrá las mismas consecuencias, sin duda alguna, que el paso de la oralidad a la escritura, tal como anticipara Ong. Algunos, retomando a este mismo autor, recogen su idea de la “segunda oralidad” y designan al periodo que va del 1450 hasta finales del siglo XX, quizás de manera algo oportunista y exagerada, como el Paréntesis de Gutenberg.

Sea como fuere -porque es cierto que hay mucho de mezcla, remezcla, préstamo, apropiación y remodelación en las prácticas actuales-, Chartier insiste en las características novedosas de la nueva textualidad digital y en los efectos aún desconocidos que eso tendrá sobre nuestras formas de conocer y entender: “ante una lógica de cercanía temática, de palabras claves, de tópicos, una continuidad física como la del libro ya no importa. Las unidades textuales no son consideradas en su identidad, sino como un banco de datos que se puede organizar, recomponer, asociar. No es un juicio de valor ni digo que el mundo de Gutenberg era un paraíso y hoy estamos en el infierno. Digo que las posibilidades son inmensas y que el problema es identificar las formas de discontinuidad y las prácticas de la lectura. La relación entre posibilidades nuevas y características heredada”.

“El libro ya no ejerce el poder que ha sido suyo, ya no es el amo de nuestros razonamientos o de nuestros sentimientos frente a los nuevos medios de información y comunicación de que a partir de ahora disponemos” cita Chartier a Henri Jean Martin en un número de la Revista Quimera del año 1996. Si eso es así, si el campo editorial en el que tenían sentido las relaciones entre autores, editores y lectores han saltado por los aires, porque ya no creamos, leemos, distribuimos, usamos y adquirimos los contenidos de la misma manera y donde el libro ya no ocupa ni siquiera el centro de ese ecosistema, ¿cómo cabrá pensarlo, qué nuevo aspecto tendrá su configuración, qué nuevos papeles y nuevos roles surgirán, qué futuro nos depara esta revolución digital.

A partir de mañana martes algunos tendremos la singular oportunidad de compartir tres tardes con el maestro Chartier dentro del curso Creación, edición y lectura: presente y pasado, en laCasa del Lector, un lujo inigualable.

 

Fuente: madridmasd.com

Planes para el futuro del ecosistema editorial

La trifulca entre Amazon, Hachette y algunos otros grandes sellos editoriales, como Bonnier en Alemania (propietaria de Pier, Ullstein, Berlin y Carlsen), no dejaría de ser una polémica común e irrelevante (que un distribuidor rechace a un editor o que le imponga márgenes inasumibles o que un editor desdeñe a una tipología determinada de librerías por irrelevante en su estrategia comercial) sino fuera porque Amazon es el gran agregador de contenido mundial. El peso de su masa crítica, la capacidad por tanto de atraer a nuevos clientes, de integrar verticalmente todos los eslabones de la cadena de su negocio y de imponer márgenes comerciales e, incluso, precios, es tan grande que amenaza con desestabilizar el equilibrio de todo el ecosistema editorial. Algo, por otra parte, que no es tanto responsabilidad suya como de quienes, advertidos hace mucho tiempo, nunca quisieron intervenir.

Jennifer Heuer; Photograph by byllwill/Getty Images

Los juzgados de Nueva York han desarrollado un nuevo concepto para designar este tipo de política comercial que presiona a la baja, forzadamente, los precios de los libros, el reverso de la idea tradicional de monopolio: si uno consiste en la capacidad de subir arbitrariamente los precios gracias a ocupar una posición dominante en el mercado, el otro -monopsonio, lo han nombrado-, consiste en forzar la bajada de precios gracias a detentar una posición de visibilidad imbatible en la web. Es sabido que Amazon, como represalia e invitación a repensar sus relaciones comerciales, eliminó de la web de Amazon la posibilidad de comprar los contenidos de los sellos mencionados, un empujón poco sutil para reconsiderar quién manda en Internet.

Esta situación de (ab)uso de posición dominante -utilizada por todas las empresas editoriales, por otra parte-, esconde una enseñanza que el propio New York Times reclama en uno de los varios artículos que ha dedicado a este asunto: en How Book Publishers Can Beat Amazon, se propone una solución a la medida de la ocasión: sólo mediante la agregación de fuerzas de los libreros y los editores, en una plataforma compartida e independiente, donde se sumen los contenidos de todas y se alcance una masa crítica de contenidos de calidad a buenos precios comparable, puede alterar o al menos compensar el equilibrio de fuerzas. Este es un principio básico, si se quiere, de la economía del bien común o del procomún por el que dieron un Premio Nobel de Economía en el 2009 a Elinor Ostrom. Existe o existía un ecosistema editorial del que todos se beneficiaban y su destrucción no compensa a nadie, pero en lugar de buscar procedimientos de cooperación para fomentar el beneficio mutuo, los sellos editoriales y las librerías piensan que tienen alguna opción de ganar algo obrando aisladamente. No seré yo quien diga que eso es un error. Mejor que lean a Ostrom… Los indies norteamericanos han publicado hoy mismo una carta abierta y un logo en el que agradecen a Amazon la contracampaña que se ha hecho así misma

En España existen, al menos, dos tentativas de cooperación (de las que puedo ofrecer más detalles si hay aclamación y demanda popular) que se resienten de la tradicional suspicacia y picardia nacionales: todostuslibros.com y todostusebooks.com, iniciativa del gremio de libreros que apunta en el buen camino, pero a la que todavía le faltan algunos elementos para constituirse en una verdadera alternativa; y el proyecto de Punto Neutro promovido por el MEC y secundado por ANELE, que trata de crear una plataforma única de contenidos educativos digitales de calidad y de pago que simplifique todas las transacciones vinculadas a su uso y compra.

 

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En Alemania el Gremio de Editores acaba de anunciar, como ejemplo de lo que una política de cooperación sostenida puede llegar a alcanzar, que las librerías físicas están recuperando su cifra de facturación gracias, en buena medida, a la venta de e-books, integrados ya plenamente en su oferta y lógica comercial. En el año 2013 se vendieron 21,5 millones de €, un 60% más que en el año 2012, un 3,9% del total de la venta de libros, modesto si se quiere respecto al 20% que representa en un mercado más avanzado, el de USA, pero en todo caso relevante si damos por buenos los augurios de los libreros ingleses, que esta misma semana predecían que en el año 2018 los ebooks habrán sobrepasado en ese país la cifra de los libros en papel.

Nos quedan cuatro años,  pues, para desarrollar una estrategia coordinada y cooperativa que propicie el mutuo beneficio, más allá de la estrecha visión del plan de negocio particular, una estrategia que debe basarse en cinco puntos: la agregación de contenidos de calidad para obtener una masa crítica de contenidos relevante; la interoperabilidad y la apertura de formatos y soportes; la suma de valor añadido, en forma de funcionalidades y servicios, a la experiencia de compra de los usuarios; la incorporación del contenido generado por los usuarios a la lógica de la construcción de los productos editoriales y, antes de nada y por encima de cualquier otra cosa, la reconversión de una industria todavía analógica (en su manera de pensar y de orientarse, de percibir el futuro), en una industria plenamente digital.

 

Fuente: madridmasd.com

La biblioteca del futuro… futuro tecnológico y social

«El mejor camino para predecir el futuro es inventándolo» Alan Kay

El futuro de las bibliotecas es uno de los grandes enigmas. Muchos pensaron que con la llegada de Internet primero y después con la llegada de los libros electrónicos iban a tener las bibliotecas complicada su existencia. Por suerte se equivocaron, aunque posiblemente no iban desencaminados. Las bibliotecas aguantaron estos envites tecnológicos porque supieron adaptarse a ellos y porque las bibliotecas son mucho más que eso. Las bibliotecas orientan, ayudan, apoyan, aconsejan… a sus usuarios en el acceso de información y contenidos independientemente del formato en el que se encuentren. Muchos sectores e instituciones desaparecerían si achacásemos a Internet como culpable o competencia directa, véase el caso del periodismo donde todo el mundo puede publicar noticias a la red, el caso de los museos y galerías de arte con el acceso a colecciones y proyectos de recopilación artística existentes, y el caso de las bibliotecas con la llegada y proliferación del libro electrónico.

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El futuro es imprevisible y aunque se trate siempre de dar unas pautas evolutivas éstas o son poco realistas o llegan antes de lo esperado. Eric Schmidt en su libro «The New Digital Age: Reshaping the Future of People, Nations and Business» trata de dar una serie de predicciones futuras, en las cuales destacan la enseñanza de la privacidad online desde las escuelas, en el año 2020 todo el mundo estará conectado a través del móvil, las noticias de última hora solamente estarán en los medios sociales (véase el caso de Twitter), nuestros datos estarán en la nube…

«El Darwinismo Digital ocurre cuando la tecnología y la sociedad evolucionan de una forma más acelerada que nuestra capacidad de adaptación» Brian Solis

Se puede decir que las bibliotecas son entidades que se adaptan a los cambios tecnológicos y sociales por muy rápidos que vengan estos cambios y por muy rígida que se piense que es la institución. Carolina De Volder argumentó esta adaptación al cambio en el mundo de las bibliotecas a través del término Darwinismo digital:

«Las bibliotecas deberán modificar su manera de hacer productos y servicios, replantear sus fundamentos (misión, visión) y estar atentos a las necesidades de la sociedad. Nos abocamos a un inminente transformación, a una (r)evolución, donde la relación biblioteca/bibliotecario-usuario es mucho más importante y las inquietudes y necesidades de ellos marcan los caminos a seguir. Lo que importa es cómo se interactúa con estos usuarios que cada día están más conectados y más informados, y que exigen cada vez más.»

Las bibliotecas conservan su nombre con el paso de los años. Es la marca por la que se le reconoce aunque ya no sean meras «cajas de libros». Las bibliotecas cada vez más tienden a ser estaciones de información o agencias de acceso a la información donde el protagonista sigue siendo el usuario y los servicios que se le dan a este. El bibliotecario es una de las partes principales de todo este entramado al ser el nexo de unión entre el usuario que busca, necesita o demanda un servicio y la sobreinformación existente y las necesidades formativas o de cualquiera otra magnitud que demande el usuario final.

La tendencia va hacia la conexión a través de Internet, por lo que las bibliotecas tendrán que estar tan atentas de sus usuarios físicos como de sus usuarios virtuales. El bibliotecario tiene que ser un perfecto conocedor de sus usuarios, cuales son sus necesidades y porqué van a la biblioteca o porqué prefieren hacer uso de los servicios de la biblioteca a través del mundo online. Los bibliotecarios están saliendo de esa zona de confort que años atrás disponían para convertirse en unos verdaderos probadores e implementadotes de las novedades que les demanda la sociedad y que son beneficiosas para la biblioteca y sus usuarios.

En el mundo cada vez más personas y cosas están conectadas a Internet. El objetivo de esta conexión es la de recabar datos e información sobre su uso de determinados elementos y patrones de conducta de las personas, transmitirlos, almacenarlos y analizarlos. Este «Internet de las cosas» puede llegar a ser de utilidad para las bibliotecas con la finalidad de recabar información de los usuarios y de los servicios y productos de la biblioteca. Por ejemplo, a través de sensores se podría llegar a medir el grado de utilización de cada elemento de la biblioteca, indicar la ubicación de un libro extraviado o mal colocado, saber el uso que los usuarios hacen de la biblioteca, monitorizar préstamos, medir la cantidad de información que hay en ese momento en la biblioteca, disponibilidad de productos y servicios, búsqueda de la eficacia energética de las bibliotecas… en fin, una gran lista de datos convertidos en información para hacer un mejor uso del servicio.

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La clave está en la tecnología y en personalización de los servicios por cada usuario de la biblioteca. Para ello es más que necesario conocer los patrones de conducta de los usuarios en el uso de la biblioteca y de sus servicios con el objetivo de darles lo que quieren y necesitan en cada momento sin necesidad de que lleguen a preguntar por ello. De ahí la importancia de la conexión entre los datos disponibles de los usuarios con la información y colección que dispone la biblioteca con la finalidad de saber lo que quiere el usuario en cada momento y ofrecer una serie de recomendaciones que hagan sus búsquedas y necesidades más ágiles en cuanto al tiempo dedicado y a la relevancia de los contenidos. Aunque siempre se tendrá que tener en cuenta la privacidad e intimidad de las personas.

«Nunca vayas por el camino trazado, porque conduce hacia donde otros han ido ya» Alexander Graham Bell

 

Fuente: Julianmarquina.es

Las bibliotecas ante el libro electrónico

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La directora de la Biblioteca Nacional de España, Ana Santos, ha expuesto su visión de la necesidad de replantear el papel de las bibliotecas respecto al libro electrónico en el informe Omniprom 2013 sobre el libro en México, que esta semana se ha presentado en la Feria del Libro de Guadalajara (México). El artículo con el que la directora participa en el informe lleva por título “La lectura: mucho más que un negocio”.

Las bibliotecas como escaparates perfectos para el libro electrónico, los nuevos modelos de negocio de estas instituciones y la necesidad de entender la lectura como mucho más que un negocio son tres de las ideas clave que Ana Santos expone en su artículo.

El Informe Omniprom está considerado el estudio más completo sobre el presente y el futuro de la industria editorial, un informe elaborado por quince especialistas sobre los nuevos dilemas que plantea la evolución del mundo del libro, las posibles respuestas y, sobre todo, la construcción conjunta de su futuro.

“Resulta indiscutible que el libro electrónico ha convulsionado los pilares de la cadena del libro”, señala Ana Santos. “Y en este entorno de incertidumbre resulta imprescindible abrir espacios comunes de reflexión, que ayuden a todos a iniciar un camino común que contribuya al mantenimiento de la cadena del libro, que permita a las bibliotecas cumplir con la misión de conservar y transmitir la información, y realizar una de sus tareas esenciales: facilitar el acceso a la lectura”.

La directora de la Biblioteca Nacional de España hace un análisis sobre los usuarios de las bibliotecas hoy, donde se aprecia un descenso del servicio de préstamo y una demanda cada vez mayor de libros electrónicos.

Asimismo, incide en la preocupación del sector bibliotecario por las condiciones de adquisición impuestas por los editores, y “la gran inquietud que produce el modelo más generalizado de pago por licencias, a precios muy elevados”.

Los modelos de negocio para las bibliotecas arrastran serias dificultades que derivan “por parte de los bibliotecarios, del intento por trasladar el modelo de formación de colecciones y circulación de libros en papel a los libros electrónicos, y por parte de los editores, del miedo a perder un negocio que hasta ese momento estaba asegurado por unidades físicas”.

Resulta imprescindible (asegura Ana Santos) un esfuerzo de reflexión conjunta en beneficio de todos. Reflexión que debe pasar por el convencimiento mutuo de que ambos, editores y bibliotecarios, deben formar una unidad a favor de la promoción del libro y el fomento de la lectura.

La directora de la BNE plantea “el acceso legal al libro electrónico a un precio justo o a través del préstamo realizado en una biblioteca. Contribuir a la protección de los derechos de propiedad intelectual a través de campañas pedagógicas y realizar actividades formativas que proporcionen un mayor conocimiento”.

Añade que “las bibliotecas pueden ser escaparates perfectos para el libro electrónico, espacios donde difundir y experimentar nuevos usos, desde donde se pueden favorecer las ventas, donde se pueden realizar campañas de concienciación de lo que supone vulnerar los derechos de propiedad intelectual”.

Y concluye Santos Aramburo: “resulta imprescindible un nuevo planteamiento, basado en acuerdos, que proporcionen a las bibliotecas otra forma de adquirir libros electrónicos desde el convencimiento compartido de que la lectura es mucho más que un negocio”.

Fuente: Estandarte.com

Guadalajara 2013 II: El mayor valor de un libro no está en lo que es físicamente

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Libros. Montañas de libros. Estantes repletos de libros. Pequeños, grandes, delgados, de bolsillo, de pasta dura, de colección. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más grande en castellano, debe de albergar cientos de miles, quizá hasta millones de ellos. Pero es un hecho que desde hace por lo menos 10 años, el libro (y la industria impresa en general) se ha enfrentado a una seria crisis de identidad: ¿Hay futuro para el papel? ¿Estamos destinados a leer en tabletas? ¿Cómo serán las ferias del libro del futuro? ¿Existirán las ferias en sí?

La edición de este año de la Feria del Libro, que concluye este domingo, ha incluido por primera vez un pabellón dedicado al libro electrónico. Algunos de los expositores ofrecen títulos hasta un 70% por debajo de su valor en papel. Pero, contrario a la creencia, un libro electrónico no “debe” forzosamente ser más barato que su equivalente en papel. Al menos así opina Ian McCullough, experto en consumo de medios electrónicos. “El coste es irrelevante. El mayor valor de un libro no está en lo que es físicamente, sino en el contenido: el trabajo de editores, escritores, promotores, etcétera”.

Además, la capacidad de la plataforma convierte al libro en un objeto con muchas mayores posibilidades. Robot Media es una editorial con sede en Barcelona que produce libros electrónicos infantiles. Su director, Hermes Piqué, opina que el ebook está en fase experimentación, en especial en su campo. “Todavia seguimos pasando página en muchos dispositivos, cuando el concepto de página no hace más que restringir el lienzo infinito que ofrece el digital. Además, hablar del libro digital es también restrictivo. La palabra describe al continente y no al contenido. Nuestros “libros” tienen animación, ¿son películas?; narración, ¿es audio?; interactividad, ¿son juegos?, y por supuesto: texto. Es muy divertido cuando los abogados intentan describir el libro digital en un contrato editorial”.

El lector cambia, pero no dejará de existir. Brian Wong, el joven fundador de la plataforma Kiip -que utiliza un sistema de recompensas a través de juegos electrónicos para usos comerciales-, opina que el libro y la industria del papel en general seguirán existiendo pese a los cambios. “La necesidad de informarse no desaparecerá de la noche a la mañana. Los contenidos se especializan, eso sí. La gente es mucho más específica para el consumo editorial. Pero el interés no se va a extinguir”. 

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