Guadalajara 2013 II: Sobre el Foro de Libro Electrónico en la FIL Guadalajara

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Del 30 de noviembre al 8 de diciembre se estuvo llevando a cabo la FIL Guadalajara (Feria Internacional del Libro) que, como todos los años, reúne a la “crema y nata” del universo del libro: editores, escritores, lectores, promotores de lectura, bibliotecarios, cuentistas, ilustradores, traductores y demás profesionales relacionados con el libro y la lectura se dan cita no sólo para presentar su propuesta y novedades editoriales, sino también para hacer negocios enfocados con el libro y también para realizar distintos foros de la lectura, de los lectores, del libro, de bibliotecarios, traductores, de promotores de lectura y discutir sobre sus implicaciones sociales, políticas y de desarrollo humano; todo lo anterior le ha valido convertirse en tan sólo 27 años en la Feria del Libro más importante de habla hispana y la segunda a nivel internacional, sólo superada por la Feria del Libro de Frankfurt, en Alemania.

La gran novedad de esta edición es que por primera vez en 27 años se abrió un espacio para el libro electrónico donde un total de 20 proveedores de estos materiales expusieron su oferta y también un foro de discusión y análisis en el que se ofrecieron charlas sobre distintos aspectos del libro electrónico, como los retos, oportunidades, derechos de autor, autoedición, modelos distribución, etc.; en este foro se ofrecieron también algunos talleres de creación literaria en formato electrónico, promoción de la lectura utilizando estos formatos, el mercado global, digital, etc.

Entre los expositores se encontraron:

El Libro total: la biblioteca de América que además de ofrecer gratuitamente libros electrónicos de dominio público, presenta también una red social donde los usuarios pueden compartir citas, comparar distintas ediciones de un mismo título, calificar y comentar los libros.
Digitalia: es un distribuidor que trabaja con bibliotecas, presentó su oferta de contenidos en español para bibliotecas universitarias y públicas.
Casa del libro, librería española que a pesar de las limitantes geográficas, durante años han distribuido sus materiales en América Latina y que recién entró al mercado mexicano y latinoamericano con precios locales.
Hipertexto: empresa colombiana que ofrece asesoría y soluciones de edición digital, distribución, desarrollo web y lectura en la nube.
Editorial Ink, de las primeras editoriales mexicanas en ofrecer libros interactivos tanto de autores conocidos como independientes.
Fondo de Cultura Electrónica que presentó su catálogo editorial de libros electrónicos, así como sus tres primeros libros en aplicación para dispositivos iOS y Android.
iShop con la charla Mi mundo y mi gente presentó su oferta de aplicaciones educativas y sus laboratorios escolares digitales.
EducaTablet, empresa colombiana que también presentó su oferta educativa con una aplicación de lectura para textos escolares.
A pesar de que el espacio destinado al libro electrónico no fue suficiente, como tampoco lo fue el espacio y tiempo destinados al foro, talleres y las charlas, es importante destacar que por fin se comienza a poner atención en el tema y, a diferencia de la Feria pasada, ya podemos hablar de una mayor oferta de contenidos en nuestro idioma, lo cual hace patente que el interés está creciendo y que, aun cuando estemos viviendo en la prehistoria del libro electrónico (definitivamente en 10 o 20 el libro electrónico será muy distinto del actual), es ahora cuando comenzamos a vislumbrar una propuesta en este sentido, propuesta en la que todos los involucrados en la cadena del libro electrónico debemos entender que no se puede ni se debe ver de la misma manera que como se hace con un libro impreso: cambian modelos de distribución, de creación, de edición, de promoción, etc.

Fuente: LeerenPantalla.com

Vargas Llosa: “Larga vida a los editores y larga vida a los libros de papel”

 

El escritor Mario Vargas Llosa ha destacado la importancia de los editores en la cultura y ha expresado su deseo de que los libros en formato de papel no desaparezcan. “Larga vida a los editores y larga vida a los libros de papel”, ha defendido el escritor tras recibir el premio Antonio de Sancha.

Vargas Llosa ha afirmado que la sociedad vive una revolución tecnológica “extraordinaria” y que la revolución audiovisual ha traído “importantísimos” progresos en la información, sin embargo, ha matizado el escritor de origen peruano, “las cosas buenas tienen su lado malo”.

El lado malo al que se refiere el escritor es la desaparición de los libros en formato en papel que algunas personas “profetizan”. “No es verdad lo que se dice con tanta frecuencia, que un libro es lo mismo en la pantalla que en papel”, ha explicado.

“Si los libros de papel desaparecen los libros que se escriban para las pantallas serán más superficiales, más banales y más frívolos de lo que han sido los libros de papel”, ha añadido Vargas Llosa.

LA LABOR DEL EDITOR, A VECES INVISIBLE

Vargas Llosa también ha elogiado la labor “a veces invisible” de los editores, y ha desatacado que son una institución cultural de “primer orden” que actúan como “puente indispensable” entre el artista, el pensador, el crítico y el gran público. “Es un trabajo que requiere altura, intuición y valentía”, ha asegurado el escritor peruano.

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EL FUERTE CRECIMIENTO DE LA INDUSTRIA EDITORIAL ARGENTINA

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Apuntes interesantes y otros que nos hace pensar en cómo se está distribuyendo:

El año pasado, la cantidad de ejemplares editados fue record, con 97 millones de unidades, totalizando ventas por 3000 millones de pesos. El sector redujo el déficit de la balanza comercial a 25 millones de dólares.

Los últimos tres años fueron los mejores en la historia nacional de la industria del libro. Eliminar el déficit de su balanza comercial y su elevada concentración son algunas cuestiones todavía pendientes.

En ese período, la industria del libro escribió las mejores páginas de su historia. A la cantidad record de ejemplares editados –en 2012 sumaron 97 millones y contabilizaron ventas por 3000 millones de pesos– se agregó otro elemento que define la madurez de esta industria: una balanza comercial que, aun siendo deficitaria, redujo significativamente su saldo negativo.

De acuerdo con la Cámara Argentina del Libro (CAL) –que agrupa 550 empresas, la mayoría pymes editoriales, librerías y distribuidoras–, en 2011 y en 2012 se editaron más de 95 millones de ejemplares, con una leve caída en ese último año, mientras que en 2008 y 2009 se superaron los 75 millones de ediciones. Estas cifras toman una mayor relevancia al vincularlas con las brindadas por el investigador Octavio Getino en su trabajo “Las industrias culturales en la Argentina”, en donde se afirma que los años de mayor edición durante el siglo pasado fueron 1953 y 1974, con 53 y 50 millones de ejemplares, respectivamente. Pero además, esta cantidad fue acompañada también de una mayor diversidad, pues luego de años de amesetamientos y caídas, entre 2003 y 2012 la cantidad de títulos publicados aumentó, casi sostenidamente, de 13.066 a 26.367.

La balanza comercial también experimentó un fuerte cambio. Según cifras de la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines y de la CAL, mientras que en 2011 sólo el 39 por ciento de los libros comercializados se imprimía en la Argentina, el año pasado esa cifra se amplió a más del 82 por ciento, lo que implicó una baja en las importaciones de más del 45 por ciento, así como una suba en las exportaciones de alrededor del 8 por ciento. Esto permitió reducir el déficit de la balanza comercial del sector, que hoy se ubica en unos 25 millones de dólares.

Ese resultado tiene que ver con diversas regulaciones gubernamentales implementadas desde fines de 2011, año en que se exportó sólo por 47 millones de dólares y se importó por 109 millones, según la Secretaría de Cultura. Así, según datos del Ministerio de Industria, el 78 por ciento de los libros consumidos en el país fueron importados. Las regulaciones implementadas a partir de ese año consistieron en el requerimiento de declaraciones juradas anticipadas de importación y autorizaciones de la Administración Federal de Ingresos Públicos para restringir las compras externas. Además, la Secretaría de Comercio Interior exigió estándares internacionales ecológicos y sanitarios en la cantidad de plomo de las tintas en los libros importados, medida que varios medios presentaron como “restricciones a la libertad de expresión”, pero que buscaba limitar importaciones para un mayor desarrollo de la industria nacional.

Con ese mismo enfoque, la Cámara Argentina del Libro rubricó un acuerdo con los ministerios de Industria y Economía, y con las secretarías de Comercio Interior y de Cultura, para equilibrar la balanza comercial de sus asociados.

Otro dato resalta el hecho de que hayan sido justamente estos los años de mayor auge en la historia de industria editorial. A las nuevas ofertas de consumos culturales, entre las que Internet juega un papel preponderante, se sumó una competencia ilegal pero directa: la del libro pirateado. Se calcula que de ese mercado clandestino proviene alrededor de un millón de ejemplares, lo que representa cerca del 10 por ciento de la oferta de libros, causando así un perjuicio a la industria editorial de aproximadamente 80 millones de pesos anuales. El libro digital, que el año pasado representó el 17 por ciento de las ventas totales, afecta en cambio sólo a la industria papelera y a los distribuidores, pues representa ganancias similares tanto para los autores como para las editoriales.

El fuerte crecimiento de la industria editorial no implica que no queden aún diversas cuestiones por resolver. Entre las principales, se cuentan el oligopólico mercado del papel, que provoca que los precios de este insumo básico sean superiores al de la media internacional; la alta concentración entre las editoriales, donde veinte firmas concentran más del 85 por ciento del mercado; la baja federalización de la distribución, pues el 84 por ciento se concentra en las 225 librerías de la Ciudad de Buenos Aires, y el bajo porcentaje que se destina al autor de la obra, quien sólo recibe entre el 10 y el 15 por ciento del precio de venta del libro, otro 15 por ciento va para gastos de impresión, un 30 por ciento para la editorial, y el restante 40 por ciento para la librería.

Datos curiosos:

-La cantidad de títulos publicados aumentó de 13.066 a 26.367 entre 2003 y 2012.

-En 2011, sólo el 39 por ciento de los libros comercializados se imprimían en la Argentina. El año pasado esa cifra se amplió a más del 82 por ciento.

-La Cámara Argentina del Libro rubricó un acuerdo con los ministerios de Industria y Economía, y con las secretarías de Comercio Interior y de Cultura, para equilibrar la balanza comercial de sus asociados.

-El libro digital representó el 17 por ciento de las ventas totales el año pasado.

Fuente: Página 12